Se te está volviendo costumbre acurrucarte en mis noches, insomnio…
Te resulta cómodo enlazarte entre mis sábanas, hablándome de interminables sueños que no llegan a causa de tu capricho…
Se te está volviendo costumbre acostarte a mi lado, insomnio…
¿Acaso es divertido mirar mis desvelos humedecidos?
taladrando mis pensamientos a la espera de un nuevo amanecer,
y sin remordimiento alguno… Se te está volviendo costumbre.
Todos perdemos algo; un todo que se convierte en nada, una sonrisa que se transforma en lágrima, “un amor que se pierde, se marcha, se termina.” Pero bendito aquel cuyo espejo son tus ojos, privilegiado quien quiere tenerte y te tiene, afortunado el que observa tus labios y los besa con pasión, con amor, con locura, sin un limite de tiempo, dichoso el dueño de las caricias de tus suaves manos, esas pequeñas que transmiten ternura y llenan de ese éxtasis que embriaga el alma de sueños.
Único, envidiable y bienaventurado el que despierta en ti el amor más puro y sincero que guardas en tu corazón, el que posee tu abrazo, tus besos, tu sonrisa, tus vaivenes, tus delirios y malicias, admirable el que escribe poesía y la plasma en tu cuerpo, dejando dulcemente sellados cada uno de sus versos con una caricia, el que recorre desde la punta de tus pies hasta el abismo de tu alma con sutileza y deseos de dejar penetrado su amor en tu piel, digno de admiración aquel que te hace vibrar y estremecer con un susurro al oído y te llena de sonrisas…
Aquel que lo único que desea es beber el café de tus ojos durante una eternidad, el que solo anhela compartir su existencia contigo y nadie más, el que quiere tus labios, tu sonrisa, tus caricias y tu amor… la persona…
Me mordí la lengua para contener las lágrimas, para detener las preocupaciones, para suprimir los miedos. Amordacé mi alma para que no pueda gritar, respiré profundo, miré hacia arriba para tratar de ocultar mis sentimientos, para no pensar. Por dentro estaba rota, pero nadie lo notaba, la mujer fuerte que todos ven en mí necesita urgentemente alguien a quien abrazar. Este dolor que quema como el fuego me dejó una herida abierta y una cicatriz en el corazón. Ya no soy yo, no me reconozco, no existe más mi nombre desde que no lo pronuncia tu voz. Estoy rodeada de gente pero por dentro estoy vacía, ya nadie me entiende ni siquiera yo. Mis ojos arden, pierdo mi propio control, pronto por mis mejillas, rodarán lágrimas amargas, que saben al vacío que me quedó. Comienzo a llorar y siento que me ahogo en un abismo que no tendrá fin, hoy mis lágrimas y mis letras lloran sólo para ti. Porque no sirve de nada aferrarme a no soltarlas, porque al recordar lo mucho que me haces falta es lo menos que puedo hacer, derramar mi alma. Quisiera que llegaras y me consolaras, que dijeras “te quiero” y acabarás con mi dolor, pero no pasará y eso es lo que me mata en vida: tener que decirte adiós.....
Te resulta cómodo enlazarte entre mis sábanas, hablándome de interminables sueños que no llegan a causa de tu capricho…
Se te está volviendo costumbre acostarte a mi lado, insomnio…
¿Acaso es divertido mirar mis desvelos humedecidos?
taladrando mis pensamientos a la espera de un nuevo amanecer,
y sin remordimiento alguno… Se te está volviendo costumbre.
Todos perdemos algo; un todo que se convierte en nada, una sonrisa que se transforma en lágrima, “un amor que se pierde, se marcha, se termina.” Pero bendito aquel cuyo espejo son tus ojos, privilegiado quien quiere tenerte y te tiene, afortunado el que observa tus labios y los besa con pasión, con amor, con locura, sin un limite de tiempo, dichoso el dueño de las caricias de tus suaves manos, esas pequeñas que transmiten ternura y llenan de ese éxtasis que embriaga el alma de sueños.
Único, envidiable y bienaventurado el que despierta en ti el amor más puro y sincero que guardas en tu corazón, el que posee tu abrazo, tus besos, tu sonrisa, tus vaivenes, tus delirios y malicias, admirable el que escribe poesía y la plasma en tu cuerpo, dejando dulcemente sellados cada uno de sus versos con una caricia, el que recorre desde la punta de tus pies hasta el abismo de tu alma con sutileza y deseos de dejar penetrado su amor en tu piel, digno de admiración aquel que te hace vibrar y estremecer con un susurro al oído y te llena de sonrisas…
Aquel que lo único que desea es beber el café de tus ojos durante una eternidad, el que solo anhela compartir su existencia contigo y nadie más, el que quiere tus labios, tu sonrisa, tus caricias y tu amor… la persona…
Me mordí la lengua para contener las lágrimas, para detener las preocupaciones, para suprimir los miedos. Amordacé mi alma para que no pueda gritar, respiré profundo, miré hacia arriba para tratar de ocultar mis sentimientos, para no pensar. Por dentro estaba rota, pero nadie lo notaba, la mujer fuerte que todos ven en mí necesita urgentemente alguien a quien abrazar. Este dolor que quema como el fuego me dejó una herida abierta y una cicatriz en el corazón. Ya no soy yo, no me reconozco, no existe más mi nombre desde que no lo pronuncia tu voz. Estoy rodeada de gente pero por dentro estoy vacía, ya nadie me entiende ni siquiera yo. Mis ojos arden, pierdo mi propio control, pronto por mis mejillas, rodarán lágrimas amargas, que saben al vacío que me quedó. Comienzo a llorar y siento que me ahogo en un abismo que no tendrá fin, hoy mis lágrimas y mis letras lloran sólo para ti. Porque no sirve de nada aferrarme a no soltarlas, porque al recordar lo mucho que me haces falta es lo menos que puedo hacer, derramar mi alma. Quisiera que llegaras y me consolaras, que dijeras “te quiero” y acabarás con mi dolor, pero no pasará y eso es lo que me mata en vida: tener que decirte adiós.....
Comentarios
Publicar un comentario